Sobre perros y gatos


Por Crystina Martínez

Caracas es una ciudad de perros y gatos abandonados. Aunque pueda que se repita en otros lugares del mundo, ninguna ciudad me resulta más abominable para los animales que Caracas. Algunos hombres que transitan en motos, por mero divertimento, pasan a toda velocidad cerca de un perro callejero para asestarle una patada en las costillas. En las costillas lánguidas. El publico presente aplaude, se caga de la risa por el aullido lastimero, y el gladiador celebra haber dado en el blanco con un un gesto sádico, un gesto heroico, me atrevo a decir, un gesto heroico inigualable.

Caracas es una ciudad que destruye el mito de que los gatos tienen siete vidas. Caracas no tiene compasión por los gatos porque un gato en Caracas puede alcanzar 20 o 30 días de haber nacido si es capaz de soportar las numerosas torturas de las intemperie. Un gato en Caracas vale menos que la mierda. Un gato en Caracas maulla a desgarrarse al pie de una basurero cualquiera y nadie lo escucha, nadie lo ve. Porque es que un gato en Caracas se parece mucho a los niños africanos que vemos en el noticiero comiendo un arroz pastoso donado por la Cruz Roja y eso para nosotros, quiero decir nosotros los seres razonables, es cosa poco relevante, incluso ambas situaciones, muy en el fondo, nos causa la misma repugnancia (o la misma indiferencia).

Si usted pasea por la calles de Caracas y observa a algún pequeño gato que se juega la vida entre la gente y los carros, no intente salvarlo. No le alargue el sufrimiento. No se arrogue el derecho de querer mantenerlo con “vida”. Sea usted generoso, permita que las llantas hagan su trabajo, deje que algún zapato talla 42 se lleve una mancha de sangre en la suela. Sepa usted que esa puede resultar una muerte más digna para el gatito que no encuentra a su madre, para el gatito que tiene enfermos los ojos, para el gatito que hace dos días no ha probado bocado ni una gota de agua. Déjelo al azar de la vida… por dios, ya deje que muera en las garras de la ignorancia y no en la máquina torturadora del hambre, déjelo morir…. total, a nadie le importa el cadáver.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: